Las ventanas tienen la propiedad de funcionar en los dos sentidos. Permiten al mundo echar una ojeada al interior de tu casa, pero te permiten, a la vez, echar una ojeada al mundo... a veces la situación se vuelve excepcionalmente deliciosa cuando esas dos miradas se cruzan...
Hace exactamente un año que cerré por voluntad propia esta ventana que hoy vuelvo a abrir. Y no ha sido un año sabático, precisamente. En aquel momento, aquel lejanísimo 24 de diciembre de 2009, estimé que había toda una serie de cuestiones que no podían esperar más. No es que fueran más importantes, pero ciertamente eran más urgentes.
Muy a menudo, más de lo que hubiera querido quizás, y con seguridad menos de lo que era justo, me asaltaba el pensamiento poco reconfortante de las múltiples visitas decepcionadas a estas páginas. Pero, de la misma manera que la ventana, este pensamiento también era de ida y vuelta. Porque por más culpable que me hiciera sentir, también me llenaba de alegría... al menos han tocado en la puerta, pensaba.
Sea como fuere, hoy, 24 de diciembre de 2010, rematadas algunas de esas cuestiones que no podían, no debían, esperar, vuelvo a retomar esta senda que no sé dónde habrá de llevarme. Tampoco me importa. Lo que me importa es el camino y la gente y paisajes que hallaré en él...