sábado, 12 de diciembre de 2009

Supongo que a todos los padres les pasa igual. Yo no tengo hijos, lo más parecido es mi perro. Así que me fijo en cada gesto,
cada ruido.
En cada descubrimiento.
Viriato aún no ha cumplido un año.
Cada día es algo nuevo para él.
Es su primer otoño, como fue su primera primavera y su primer verano.
De momento, a su pesar, ha descubierto el frío.
No es un buen descubrimiento para un galgo.
Pero ha hecho un descubrimiento más crucial.
Mientras me afano en que la planta de claveles rojos que acabo de comprar
tenga una oportunidad de supervivencia en el arriate...
Mientras recojo las hojas que tapizan el suelo del patio,
Viriato se sienta junto al limonero.
Permanece muy erguido, como una estatua de basalto negro.
Alza la orgullosa cabeza y entrecierra los ojos,
disfrutando del tibio calor.
Viriato ha descubierto el sol del Otoño.
Y yo me descubro, mirándolo con una sonrisa complaciente y,
quizás, un tanto ingenua, como suponto que los padres miran a sus hijos.
Viriato ha descubierto el sol del Otoño,
y yo he descubierto el brillo de su piel de terciopelo zaíno
bajo los tibos rayos.


Tags: Un poco de mí

Publicado por Antonio.Arevalo @ 20:11
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios