lunes, 20 de julio de 2009

Hay momentos en los que somos conscientes, a ves dolorosamente conscientes, de que acabamos de perder una ilusión, de que uno de esos clavos a los que nos aferramos para no perder, al menos del todo, la cordura acaba de desaparecer. No me refiero a la caída de los grandes sueños, de esos grandes proyectos que un día nos pusimos a diseñar con cierta trascendencia que, a buen seguro, hoy nos parecería bastante ridícula.

Me refiero, más bien, a esas pequeñas cosas, esos caprichos, esas ilusiones, esos minúsculos ladrillitos que no nos hacen, quizás, sentirnos más realizados, pero que nos hacen sentirnos más felices o, por lo menos, más humanos. No son los alimentos que nos mantienen con vida, pero son las golosinas que nos hacen sentir vivos.

Hay momentos en los que nos damos cuenta, con una punzada en el alma, de que hemos perdido algo irrecuperable por el camino, y que la vida, a partir de ese instante, merece un poco menos la pena el ser vivida.

Hay momentos en los que la vida nos regala un dolor que no basta para hacer brotar nuestra lágrimas, pero que deja una cicatriz en lo más profundo. Sentimos que algo se ha roto muy dentro, y no queremos darle importancia.

Pero es que la felicidad, la vida, está construída de esos pequeños ladrillitos de sueño. Lo otro es mera supervivencia.

Hay momentos en los que somos conscientes de que hemos perdido otra ilusión. Y una nueva arruga se nos hace en el alma.


Tags: Reflexiones

Publicado por Antonio.Arevalo @ 11:52
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Publicado por Invitado
lunes, 20 de julio de 2009 | 16:48
Las ilusiones son como los problemas, hay que dejarlos marchar para que vengan otros. Esas pequeñas ilusiones de las que hablas nada ni nadie nos las pueden quitar. Nunca dejes de soñar.