martes, 16 de junio de 2009

Cuando el recién llegado se volvió esperaba cualquier cosa menos ver al Hacedor tras él. Se levantó de un salto y, lleno de respetuosa devoción, inclinó su cabeza.

-No lo entiendo. Sigo sin entender tu melancolía…

El ángel de pelo negro se sintió sacudido por el miedo cuando comprendió quién le había estado interrogando anteriormente.

-Perdón, Señor, ahora soy yo el que teme no comprender…

La voz de Dios sonaba como un trueno, y fueron muchos los ángeles que se acercaron, curiosos, a presenciar la escena.

-Yo creé Andalucía, como todo lo demás. Esta noche he vuelto a mirarla. No negaré su belleza, pero… ¿qué está mal en ti?

El ángel miró al Creador alzando sus ojos hasta el infinito.

-Señor, tal vez si la vieras con mis ojos…

Y, dicho esto, se volvió hacia la Tierra. El Hacedor colocó su mano en la nuca… y comenzó a ver aquella tierra a través de los ojos del ángel. Y, de improviso, todos los ángeles del Cielo pudieron contemplar como el rostro de Dios se iluminaba con una sonrisa, a la vez que sus ojos se anegaban en lágrimas…

-¿Qué son esos cantos?

-Nuestras penas. En Andalucía la pena se transforma en canto. Las nanas se convierten en canciones para despedir a los difuntos. El ritmo del trabajo, del día a día, de la vida y de la muerte, nos llena desde la cuna a la tumba. Nuestras risas a menudo ocultan el más profundo de los dolores…

Dios movió la cabeza. Sabía que no había faltado el dolor en aquella tierra.

-Pero, aún así, sonreímos.

Aquella tierra era rica, pero no pudo decir Dios que fuera generosa. Los hombres y mujeres la trabajaban a conciencia, sacándole sus tesoros. El Sol bañaba al amanecer las costas de Almería y se acostaba, tinto en sangre, despidiéndose de Huelva. Los ríos se despeñaban por sus sierras, señorío del lobo y del águila. Y la luna sonreía desde el Cielo, arrobada por tanta belleza.


Tags: Un sueño

Publicado por Desconocido @ 21:05
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