lunes, 08 de junio de 2009

El recién llegado seguía allí, acurrucado entre las nubes. Se abrazaba las rodillas con los brazos y se quedaba mirando a un punto distante, allá abajo. El Creador lo miraba desde lejos, preocupado. Entendía que el llegar a una nueva morada pudiera ocasionar una incomodidad transitoria. Pero, al fin y al cabo, aquel hombre de pelo salvajemente oscuro había llegado al Cielo. Y Él no podía entender, por más Dios que fuera, que podía llenar de melancolía a aquel ángel.
Decidió indagar aquella situación que le iba resultando incómoda inluso a Él mismo. Adoptó la forma de un ángel normal y corriente para no asustar al recién llegado. Se acercó despacio, por detrás, halándole antes de llegar para no sobresaltarlo...
-Paz, hermano.
El ángel de cabello salvajemente negro volvió la cabeza rápidamente, como si fuera un niño al que habían sorprendido en una trastada. Con el puño de su túnica se limpiaba las lágrimas que corrían por su rostro.
-Paz, paz para ti también, hermano.
El Creador, bajo la forma de ángel, apoyó una cálida mano sobre el hombro del recién llegado, y se sentó junto a él. El ángel de cabello oscuro le miraba, visiblemente cohibido.
El Creador se volvió lentamente con su mejor sonrisa. Pero encontró los ojos de aquel ángel anegados en lágrimas, su rostro convertido en una máscara de tristeza. Y el propio Dios no pudo evitar que una lágrima de sus divinos ojos se escapara hasta la tierra.
-¿Qué te sucede, hermano? ¿Qué puede causar tu tristeza?
El ángel de pelo negro volvió lentamente su mirada y volvió a mirar a algún punto distante, allá abajo...
-Recuerdos...


Tags: Un sueño

Publicado por Antonio.Arevalo @ 22:40
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