Yo dibujo desde que recuerdo. No es sólo una frase hecha. Te juro que no me recuerdo sin un lápiz o instrumento similar en las manos. De niño emborronaba el hule color verde oliva que había en la mesa del comedor. Supongo que lo normal hubiese sido que mi padre me hubiera castigado sin tocar un rotulador quince días. En lugar de eso, y mientra me convencía de que en un papel se trabajaba mejor, me corregía el trazo. Gran parte de mi infancia pasó aprendiendo que no hay que apretar al lápiz, que la tinta china se rebaja con agua de lluvia, que el pastel era muy delicado de trabajar...
No me obligó a traspasar ninguna puerta, pero me mostraron el picaporte de muchas. Aquello pasó de ser una obligación a una costumbre, a una devoción, a una obsesión a veces. Ahora es, simplemente, parte de mí.
A menudo me descubro, cuando conduzco, pensando en qué colores debería mezclar para conseguir el tono de la puesta de sol que tengo ante mí...
Acabo de adquirir un libro sobre Alex Ross, un ilustrador americano. Y, de nuevo, compruebo que, por muchos pasos que haya andado,queda todo un mundo que recorrer. La mejor de las noticias es que, después de todo, aún conservo la capacidad de sorpresa y de ilusión de un niño. Lo que más rabia me da es el montón de cosas que dejaré de aprender cuando me vaya...
Tags: Un poco de mí