Es muy probable que creas que estoy bromeando. O, por lo menos, que estoy siendo irónico. Darás por supuesto que lo que digo tiene, en realidad, una doble lectura. Conociéndome como me conoces intuirás que existe un sentido oculto en lo que te digo.
Sin embargo te aseguro de que lo que sigue a continuación quiere decir ni más ni menos que lo que dice. No hay mensajes ocultos, no hay sarcasmo. Es la cruda realidad.
A veces es necesario, e imprescindible, tomar las decisiones en caliente. Porque el hombre, al fin y al cabo, es un animal. Lo de racional ya es optativo. Y, como bestia que es, tiene un instinto. Somos viscerales, aunque las más de las veces lo disimulemos.
A veces, demasiado a menudo, la sangre se nos sube a la cabeza y nos asaltan arrebatos. Oleadas de querer hacer y querer decir. Habitualmente resistimos impertérritos estas oleadas y, ya más tranquilos, apacigüamos a la bestia vociferante que llevamos dentro. Estimamos, civilizadamente, que es mejor permanecer serenos. Y no hacemos ni decimos.
Pero lo cierto es que, de cuando en cuando, es conveniente dejarse arrastrar por la corriente. Porque aunque, como decía mi padre, quien es valiente con ira no deja de ser cobarde, hay cosas que hay que decir y hay cosas que hay que hacer. Y tal vez en frío nos falte el valor para hacerlas. Hay palabras justas aunque se digan con cólera. Aunque no arrepintamos de decirlas. Porque, a menudo, lo malo no es pensarlas. Lo inconveniente, lo que puede traernos problemas, es darles vida y dejarlas libres. Pero eso no significa que no sean correctas.
Porque a veces es necesario estar a la bajura de las circunstancias.
Tags: Reflexiones