martes, 17 de marzo de 2009

Hablaba el maestro Urrutia de la dificultad de dilucidar cuándo el orgullo es orgullo, o simplemente dignidad. Heme aquí en la encrucijada de decidir si trago, consiguiendo quizás una recompensa ciertamente pírrica, pero que quizás pueda ser escalón para algo más importante; o no trago, y me quedo como estoy.

Debo reconocerte, desde ahora mismo, que jamás he sido dado a la adulación. Creo, como Molière, que es la única moneda que empobrece tanto al que la recibe como al que la da. Pero me encuentro en el brete de calibrar si esta adulación, este agachar de cerviz, es el peaje que debo pagar para seguir mi camino. Mala noticia que la llave de la puerta que has de cruzar esté en poder de aquél que exige tan alto precio.

Después, bueno, habrá que seguir apostando. Esta pernada lo único que garantiza es la posibilidad de seguir en la brecha.

Pero ¿merecerá la pena observar la cara de desprecio de esa bestia infame que habita en el interior de mi espejo? ¿Podré deleitarme con el sabor dulce, aunque sin duda fugaz, de los pequeños éxitos, si los hubiere, a lo largo del camino que me abre esa puerta, con tanta hiel en el alma?

Sí, entiendo que ninguno estamos exentos de semejantes impuestos, y el que más y el que menos ha de pasar por el aro.

Es solo que, a veces, sueño con no tener que acariciar a una bestia simplemente para que no me muerda. Pero sin duda algunos poderosos resultan malos como amigos... pero es peor tenerlos como enemigos.


Tags: Socorroooo

Publicado por Antonio.Arevalo @ 20:03
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Invitado
martes, 17 de marzo de 2009 | 23:24
La clave está en que esos poderosos no sepan que eres su enemigo.
Publicado por Invitado
domingo, 29 de marzo de 2009 | 23:24
Tú eres demasiado bueno para ellos.