martes, 03 de febrero de 2009

La primera vez que la depresión se cruzó en mi camino fue un encuentro realmente terrible. Recuerdo que mi padre, siempre tan frío, no sabía cómo encajar aquella realidad. Él, que siempre había afrontado los golpes que la vida le había deparado con una entereza espartana, se veía desbordado. Pero, con todo, recuerdo que hizo una hermosa definición de tan cruel situación. Intentando explicarle a mi tía, mi madrina, una solterona que jamás aprendió a leer ni a escribir y que a lo más que llegaba era a intuir que aquello "era cosa de los nervios" etiquetó lo que me pasaba como "una enfermedad del alma".

Hoy, cuando no lo veo pero lo siento más cerca que nunca, me sorprendo de la inteligencia de aquel hombre que llegó a ser un líder carismático, pero que nunca renegó del andamio. Una enfermedad del alma. Me han aquejado, desde entonces, muchas. Y hoy siento un cansancio que va más allá de lo mental y muchísimo más allá de lo físico. Es un cansancio del alma, de un alma que, algunos días, vuelve de la lucha hecha jirones. Porque esa misma alma que me eleva de la realidad, que me hace tocar la eternidad con los dedos, ese alma que se sale por los ojos tan a menudo, esa misma, a veces, me mira con ojos de infinita tristeza pidiéndome una razón para volver a la brecha que ella no es capaz de encontrar.


Tags: Socorroooo

Publicado por Antonio.Arevalo @ 20:02
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Publicado por inma
miércoles, 25 de febrero de 2009 | 18:39
la brecha que tu alma busca aparecera, pero no dejes de buscarla, mira siempre lo positivo aunque a veces te falte fuerza y gana o simplemente no lo encuentres, está, te aseguro que está, a veces escondido y otras tan cerca y claro que no lo ves pero está