En esta vida que me ha tocado vivir, ni mejor ni peor que la de los demás, pero que al fin y al cabo me afecta más que ninguna, porque es la mía, me ha correspondido representar un montón de papeles distintos. He sido tesorito de la casa, el mismo estúpido de siempre, el empollón de la clase, el bufón del grupo, el burro de carga, la mente pensante, el que está en babia, el procrastinador compulsivo, el siempre ocupado, el pupas, el frío, el reflexivo, el soporte, el soportado, el que no soporta nadie y, tras un larguísimo etcétera, últimamente aparezco mucho en escena en el papel estelar de apagafuegos y de ADN de batracio.
Éste último, sin duda, es el que más odio. No sé si recordarás aquella escena de la película Parque Jurásico en la que se explicaba que las cadenas de ADN de dinosaurio, conservadas en ámbar tras la afortunada coincidencia de convertirse en el bocadillo de un mosquito, presentaban grandes huecos... que se rellenaban con ADN de batracio.
Demasiado a menudo, y muchísimo más de lo que yo quisiera, me corresponde desempeñar ese papel: rellenar los huecos que otros dejan. No me refiero al noble papel de la complementariedad, ese loable "donde tú no llegas llego yo, donde yo no llego estás tú". No. Me refiero más bien al "ya que está tú ahí yo no paso de aquí". El problema es la percepción clara de que cada día el ADN de batracio ocupa más espacio en mi vida. Cada vez que me despierto encuentro que hay algo más de lo que ocuparme, algo que no es específicamente mío pero, oh maravilla, sin saber por qué acaba siendo de mi responsibilidad.
De esta forma, como decía aquel humorista, tanto tú te metes dentro de mí que ya no sé si soy de ti o de mí. A fuerza de hacer la labor de otros estoy abandonando la mía (lo que produce un curioso cross over con los papeles de procrastinador compulsivo y, también claramente, con el de el mismo estúpido de siempre.
Me debería quedar el consuelo, al menos, de que el día que falte me echarán muchísimo de menos. Pues no, me queda la convicción de que ese día me echarán en cara que haya faltado.
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