En casi todas las asociaciones, colectivos, organizaciones o grupúsculos hay supervivientes. No me refiero al superviviente tipo Rambo, en un entorno enemigo, que tendría que ser analizado aparte. Me refiero al superviviente en el interior de una manada, personas de la misma especie, supuestamente con intereses comunes. Sin embargo todos sabemos que este tipo de manadas pueden resultar extraordinariamente hostiles.
Y, sin embargo, existen personas que, una y otra vez, se salvan de la quema. En general se trata de personas magníficamente cualificadas o, por el contrario, de personas pésimamente cualificadas. Las primeras sobreviven por motivos obvios. Lo más curioso es el caso de las segundas.
Ya sea dentro de la variable A o de la B, el superviviente puede ser tipo camarera del Titanic, tipo Talleyrand o tipo bisagra.
El primer tipo sobrevive por pura buena suerte. Como la camarera del Titanic, que sobrevivió a tres naufragios. No importa su cualificación, que puede ser excepcional o nula. Cae siempre de pie y, muy a menudo, da la sensación de que no se ha enterado del problema. La suerte es algo innato: se tiene o no se tiene.
Al segundo tipo de superviviente hemos convenido en llamarle tipo Talleyrand. Nuestro personaje fue un alto cargo con los Borbones franceses, lo fue con la Revolución y lo fue con Napoleón, y cuando Napoleón cayó también lo fue con el gobierno de la Restauración. El Bonaparte dijo de él que era un guante de seda relleno de mierda... pero fue una de sus principales herramientas (no podríamos decir que uno de sus hombres de confianza porque no se fiaba en absoluto de él). El superviviente tipo Talleyrand tiene dos características esenciales: es tremendamente hábil y tremedamente valioso. No se puede prescindir de él (aunque se piense lo que pensaba el Emperador) porque es insustituible. A veces es consciente de su propia valía y duerme tranquilo. En muchas ocasiones sufre el síndrome de Prometeo y está convencido de que acabarán sacándole el hígado...
El tipo bisagra sobrevive debido al engrase natural de la bisagra que posee en la espalda. Se agacha y se arrastra con una facilidad pasmosa. No es labor fácil y, por descontado, es muy sacrificada. Las ratas saben cuando abandonar un barco. El superviviente bisagra también, lo que requiere excelentes dotes de observador. Es uno de los que apuñalan a César (raramente el primero) pero también es de los que condenan a los asesinos. Su capacidad de supervivencia depende en gran medida de su capacidad de flotar entre dos aguas sin comprometerse demasiado en un sentido o en otro. A veces este sentido falla... y el sucesor de César no tiene reparos en hacerse un monedero con su pellejo. Es labor sacrificada, ya digo...
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