lunes, 12 de enero de 2009

Algunas personas (es una manera de hablar) se escudan en la sinceridad para decir cualquier burrada que les pase por la imaginación. Opino, particularmente, que se puede ser sincero sin necesidad de ser descarnado, que se puede decir la verdad sin ser maleducado y, sobretodo, que uno no puede utilizar la honestidad como coartada para determinadas actitudes miserables, bordes o, directamente, estúpidas.

Muy a menudo uno de estos seres humanos (es una manera de hablar) comienzan sus intervenciones con un "yo es que soy muy claro diciendo las cosas..." Cuando la frase comienza así puede acabar de cualquier manera. Te pueden espetar que opinan que la crisis actual es un invento para sacarnos los cuartos, que el Real Madrid pierde porque le roban los partidos, que la ropa que llevamos es una horterada y que ya estaba anticuada cuando el Capitán Trueno era cabo o que somos imbéciles. Pero, claro, como son muy sinceros hay que perdonárselo.

Habría que comenzar diciendo que algunas opiniones son rechazables no por dichas, sino por pensadas. No se pueden (no se deben) parir opiniones racistas, machistas, discriminatorias y demás porque no deberían siquiera haber sido engendradas. Y la supuesta sinceridad no puede encubrir esas barbaridades. Sería algo así como si disculpáramos a Hitler porque hubiera afirmado "yo es que no puedo ver a las razas inferiores y tengo que cargármelos, soy muy claro hablando..."

Curiosamente estas personas (es una manera de hablar) que son tan sinceras hablando no presentan la misma característica a la hora de escuchar determinadas verdades. Pero cada día tiene su afán y por hoy ya basta.


Tags: Reflexiones

Publicado por Antonio.Arevalo @ 23:21
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