Contínuamente nos llegan noticias de especies en vías de extinción. Sin embargo, echo de menos que no se nos informe de determinados especímenes de peligro de permanencia. En peligro para nosostros, se entiende. Porque su mera existencia constituye una amenaza.
En esta poco selecta categoría entre el pelotas, el arribista, el miedoso que se esconde y deja afuera a los demás, el cruel con el débil, el fantasma, el que se cuelga medallas con el trabajo ajeno...
Hoy, distinguida audiencia, me gustaría llamar su atención sobre esa... cosa que se dedica a aparentar a costa de hacernos quedar mal a los demás.
Habitualmente cordiales en el trato no dudan en ponernos a caer de un burro en cuanto nos damos la vuelta. Cuando, por azar casi siempre, alguien nos descubre el juego se salen por la tangente con un "qué va, me habrán entendido mal, cómo voy a decir yo eso". Nos usan como escalón y no dudan en pisarnos una y otra vez.
Lo que resulta curioso es la predisposición reinante a hacerles caso, a creer a esos entes y, llegado el caso de descubrir su atrabiliario comportamiento, a disculparlos.
Si es verdad que existe una justicia del Cielo más allá de la justicia de los hombres... será algo digno de verse.
Pero, por si acaso no existiera, no duden en desenmascararlos siempre que puedan. Es una cuestión no sólo de justicia, sino de supervivencia.
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