viernes, 28 de noviembre de 2008

El fin de semana se anuncia con nieve. Desde el punto de vista laboral me supone un trabajo añadido. Me tocará agarrar la cámara, forrarla, forrarme ( y no de dinero, por supuesto) y salir a grabar esas imágenes tan bonitas que después se montan con música ambiental.

No acabo de entender el entusiasmo de la gente por la nieve. Será por imágenes que nos ha imbuído el cine y la televisión, de niños y niñas jugando, haciendo muñecos, dejándose los dientes haciendo el cabra con un trineo...

A mí la nieve me produce una sensación desasosegante. Los paisajes nevados tienen, para mí, algo de intemporal, de paralización del normal curso de las cosas. De repente la naturaleza se transforma en una fotografía en blanco y negro. ¿Te has fijado que, habitualmente, el color del cielo es ligeramente más claro hacia el horizonte? Sin embargo con un paisaje nevado sucede exactamente lo contrario: el horizonte se presenta siempre más oscuro. Me da la sensación de un decorado teatral.

Quizás sea, no lo sé, que me recuerda un cuadro de Friedrich, "El mar glacial". Este cuadro siempre me ha parecido bellísimo, pero un escenario de pesadilla. O quizás todo esto sea simplemente una elaboración a posteriori de ese desasosiego que me producen los paisajes nevados.

Y digo yo ¿no podría, simplemente, disfrutar de una buena nevada, como el común de los mortales?


Tags: Reflexiones

Publicado por Antonio.Arevalo @ 20:06
Comentarios (3)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Yo misma
domingo, 07 de diciembre de 2008 | 19:02
Los viejos fantasmas del pasado "dicen" que visten de blanco...
Publicado por yo misma
domingo, 07 de diciembre de 2008 | 19:08
Los viejos fantasmas del pasado "dicen" que visten de blanco...
Publicado por el otro
martes, 09 de diciembre de 2008 | 13:50
Si vivieras en Noruega la nieve formaría parte de tu día a día y ya tendrías preparada la camara pero no para grabar imagenes producidas por la nieve sino "en" la nieve