Hay días en que comprendo perfectamente las razones de Caín. Días en que nada ni nadie sería capaz de demostrarme que el mundo no está conspirando en pleno contra mí.
Hay días que no se endulzan ni con una copa de Pedro Ximénez. Son esos días en los que uno es medido con el mismo rasero que los demas. Y, como bien decía don Alonso Quijano el Bueno, ningún hombre es más que otro, a no ser que haga más que otro.
Hay días en que intento imaginar si un ratón introducido en una de esas ruedecitas tan monas se pregunta si hay algo más allá de esas paredes de cristal.
Hay días en los que no, y definitivamente no. No caben quizás, ni otro punto de vista.
Hoy tengo un día de esos...
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