A quien Dios no le da hijos, el diablo le manda sobrinos, dice el refrán. Comienzo de esta manera para que entiendas que lo que sigue a continuación no tiene nada que ver con una aversión a los niños en general, o a que, como no soy papá, no puedo entender según que cosas. El caso es que tengo nada menos que once sobrinos y, además, hice la mili en una guardería (vaya, la prestación social sustitutoria) y, por si fuera poco, adoro a los críos. Pero...
El caso es que ayer estuve de viaje y nos tomamos un café en un local que suele estar muy frecuentado. La verdad es que lo entiendo porque la repostería es excelente (ya sabes que soy muy goloso).
Al fondo había un grupito de tres niños. Es una forma de hablar. Eran tres salvajes. Estaban entretenidos en darle patadas a las columnas, patadas a los biombos, patadas a la puerta del servicio, patadas entre ellos. Los críos chillaban, se revolcaban por el suelo, molestaban al resto de clientes...
No era complicado identificar a sus padres. Eran, obviamente, las dos parejas que tenían más aspecto de estar despistadas y los únicos que no los miraban con ojos asesinos.
El caso es que el grupito(de críos y de padres) se estaba convirtiendo para toda la clientela de la cafetería en una de las mejores razones para usar preservativo. Supongo que alguno se horrorizó entendiendo las razones de Herodes...
Al final la cosa terminó como terminan estas cosas. Uno de los niños acabó haciéndose daño (mucho daño, deduzco, porque abría la boca más que una zumaya, como decimos por aquí
. En ese momento los otros dos niños pusieron cara de pasar por allí por casualidad, el padre de la criatura se levantó hecho un basilisco y el herido (nada grave) se llevó, además, un par de pescozones porque parece mentira que no se puede ir contigo a ninguna parte pues ahora te quedas aquí castigado y que sepas que no tienes chuches.
La mayor parte de la clientela esbozó un gesto satisfecho. Yo soy muy raro. Yo creo que los pescozones se los tendría que haber llevado el padre por no atender a los críos, que al fin y al cabo son suyos.
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