miércoles, 05 de noviembre de 2008

Podemos demostrar una confianza sin límites en la bondad del mundo y en las maravillas del Universo. Podemos depositar la más absoluta de las confianzas en una fuerza cósmica superior. Podemos admirarnos de la belleza de una puesta de Sol o extasiarnos ante una sinfonía.

Y, sin embargo, todo este esquema de mundo feliz se nos desbarata de un plumazo en el momento que nos encontramos con uno de esos tropiezos de los que somos víctimas inocentes. Y no tiene que ser nada grave. Una simple avería eléctrica que nos deja sin televisión (y sin dvd, claro, y sin ordenador... vamos que no podemos ver una película), un virus informático que nos desconecta del mundo (que digo yo que como habremos sobrevivido sin internet hasta ahora), una de esas caídas de cobertura que nos impiden usar el móvil y nos hace sentir como una animalito desvalido...

En esos tristes momentos perdemos la confianza en el mundo, en la tecnología y hasta en la Santísima Trinidad. Como un niño que acaba de descubrir que los Reyes Magos son, en realidad, las tiendas de juguetes (lo de que son los padres es una leyenda urbana: los padres son los paganos). Nada es seguro, todo se tambalea, no sabemos donde agarrarnos...

Y viene todo esto a que yo tenía pensado comentarte algo sobre el descubrimiento de la tumba de Macrinus, o sobre la victoria de Obama... pero me encuentro realmente mal. Me duele el estómago, la cabeza, los hombros... no sé si es un proyecto de gripe o simplemente agotamiento. Pero hoy, si no te importa, prefiero que se pare el mundo... que yo me bajo.


Tags: Socorrooooo

Publicado por Desconocido @ 20:31
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