Una de las cosas que más me desquician es que se me malinterprete. Tengo siempre la intención de explicarme lo mejor posible. Peco a menudo, lo siento de verdad, de prolijo, precisamente porque odio que se me malinterprete. Digo lo que digo, ni más ni menos. no me gusta ser connotativo, no me gusta que se me interprete entre líneas. Si alguien hace esto lo hace bajo su absoluta responsabilidad. Porque odio que se me malinterprete. Opino, desde el fondo de mi corazón, que el que quiera que se le entienda tiene que explicarse. Y si no se explica se expone a que se malinterprete. Y yo odio, no sé si ya lo he dicho, que se me malinterprete.
En una ocasión la Peña Flamenca de Pozoblanco me encomendó la Exaltación de la Saeta. Hacia el final del acto hice una llamada al entendimiento entre saeteros y cofrades, que por aquellos momentos estaban pasando por unos momentos de relaciones muy tensos. Los conminé a que hablaran y llegaran a un acuerdo, ya que ninguno podía obviar la existencia y el trabajo del otro... Finalizado el acto los flamencos se me acercaron para decirme que había estado muy bien el toque que le había dado a los cofrades. Los cofrades, por su parte, hicieron lo propio y me agradecieron que les hubiera puesto, de una vez, las cosas claras a los saeteros...
No me gusta ser portavoz de nadie ni de nada. Ya te he comentado en más de una ocasión que dudo, más a menudo de lo que me gustaría, hasta de lo que yo pienso. Malamente podría tomar la palabra en nombre de muchos. Tendría que ser un cínico.
Pero hay una cosa que sí me gustaría dejarte clara. En una ocasión le preguntaron al gran Alfredo Kraus qué opinaba sobre el concierto que daban los tres tenores (a saber, Domingo, Pavarotti y Carreras). Kraus afirmó que le parecían unas voces muy hermosas... pero que a él, personalmente, no le parecía serio que un aria de ópera fuera troceada en tres partes para cantarla al alimón. Entiendo, dijo el tenor canario, que se intente popularizar la lírica para acercarla al gran público, pero creo que no es el camino más adecuado. Creo, proseguía Kraus, que habría que educar al público para que se acercara a la Ópera, y no al revés.
Creo firmemente en la lucha contra la incultura y la ignorancia. Me han acusado de muchísimas cosas en esta vida (algunas de ellas, por cierto, aún no sé qué significan exactamente) pero nunca podrán acusarme de no haber intentado enseñar a todo aquél que quiso aprender, ni de dejar de aprender yo mismo todo lo que pude.
Creo que me he explicado con claridad. Es que odio que se me malinterprete...
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