No hace muchas semanas me encontré con una escena que debería haberme resultado chocante pero que, por desgracia, ni siquiera me sorprendió. Dos de los responsables de una organización se planteaban la posibilidad de homenajear a un antiguo trabajador. Este antiguo trabajador había sido un empleado modelo, una de esas personas para las que ir más allá del cumplimiento del deber era una auténtica seña de identidad. Una de esas personas que honran a cualquier empresa. El problema que planteaba uno de aquellos directivos es que había otro trabajador que había sido compañero de este primero. Los perfiles variaban poco: algunos años de diferencia, fecha de jubilación parecida. La única, sutil diferencia era que éste último había sido suspendido por un problema bastante grave. Una de esas personas que desprestigian a cualquiera que toquen. Habría que hacerle un homenaje también a él, porque si no podría sentirse ofendido.
La hija de una conocida mía era una estudiante modelo. En sus notas aparecía el consabido progresa adecuadamente. Un aciago día su maestra la felicitó por el trabajo que realizaba todos los días y la responsabilidad que demostraba. La maestra fue duramente reprendida porque un compañero, que no trabajaba ni era tan brillante ni tan responsable, se había sentido ofendido por ese comentario.
En una competición de bicicleta, concretamente una carrera de cintas, celebrada en un barrio una señora se quejaba de que un chaval, cada vez que pasaba, conseguía premio. Decía a grito pelado que eso no era así, que otros no estaban consiguiendo nada. Los organizadores le hicieron ir más despacio, más rápido... pero siempre ganaba él. Cuando lo pararon solté la cámara y me encaré con ellos. "Es que siempre gana". Es que es el mejor, contesté. ¿Es que quieres que ganen los que menos se esfuerzan? Si no quieres ganadores no montes competiciones.
Es una pena que esta sociedad que estamos pariendo destroce las individualidades. Los genios no son superiores, no tienen que tener más derechos. Pero pueden iluminarnos a todos. Y eso es algo que no tenemos derecho a racanear.
Me parece muy bien que todos comencemos en la misma línea de salida, que se ayude al que lo necesite de una u otra forma. Lo que no me parece lógico es que, cada veinte metros, nos igualen a todos. Porque al final todos llegamos los últimos, no los primeros.
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