Dicen los que saben de estas cosas que el tenis es uno de los deportes que mejor diseñado tiene su sistema de puntuación. No gana aquél que consigue más puntos, sino el que los consigue en momentos más importantes.
Supongo que, en la vida, pasa algo semejante. El que medra, al fin y a la postre, no es el que consigue determinados logros: es quien los consigue en el momento adecuado. A veces ni siquiera esto: es el que consigue que su logro sea más atractivo. Lo que es, sin duda alguna, un mérito añadido. Acudiendo a dos refranes de mi tierra, es mejor acertar que esperar un año y más vale caer en gracia que ser gracioso...
Por todo lo anterior me horroriza redactar mi curriculum. Y que conste que, sin ser espectacular, no es desdeñable. Mi trabajito me costó.
Y a esto me refiero. Tengo la sensación de que mi vida, la académica se entiende, se reduce a un determinado número de títulos, fechas, charlas y publicaciones. Pero no todos los títulos se consiguen con el mismo esfuerzo. Uno repasa los diplomas y recuerda, con orgullo quizás, el inmenso dolor de muelas con el que tuvo que estudiarse un examen de protohistoria de la Península Ibérica, o la noche en blanco que pasó antes del examen de Metodología de Arqueología II. O se ríe al recordar aquel otro examen que aprobó por súbita aparición milagrosa de las musas correspondientes al caer la única pregunta que se había estudiado.
Realmente un concurso de méritos no hace referecia al mérito de cada uno de los logros. Eso queda para la intrahistoria de cada uno...
Tags: Socorrooo