martes, 21 de octubre de 2008

Si no recuerdo mal de mi época de estudiante la inercia se definía como la tendencia de un cuerpo a permanecer en el estado de reposo o movimiento en el que se encuentra si no actúa sobre él una fuerza externa. O algo parecido.
Lo siento pero en esta época del año se me dispara la inercia. Cuando voy al gimnasio, o a natación, o cojo los trastos de pintura... reconozco que el día en que, por cualquier motivo, tengo que saltármelo, me molesta tremendamente.
El problema es cuando, por cualquier motivo, tengo que saltármelo. Porque, tomado este motivo como la fuerza externa a la que me refería en el párrafo uno, nos encontramos con que el estado de movimiento ha desaparecido o, al menos, ha quedado alterado.
Es el momento en el que la inercia juega en contra tuya. Porque cuesta muchíiiiiiismo trabajo volver a ponerse en marcha. Tengo que acabar un cartel para dentro de diez días. Rectifico. Tengo que hacer un cartel para dentreo de diez días (no es exageración, la fecha está confirmada). El papel en blanco (en gris, de hecho) me produce... no diré terror, pero sí una pereza infinita. Pero es que, además, tengo que hacer un doble retrato, preparar un currículum, tres o cuatro proyectos... aparte, claro está, de la rutina diaria, ya de por sí bastante movidita, que es por la que me ingresan la nómina a fin de mes.
Lo dicho, en esta época del año se me dispara la inercia. Estoy deseando que llegue el invierno. Aunque sólo sea para decir lo que me cuesta levantarme del brasero a hacer algo.


Tags: Reflexiones

Publicado por Antonio.Arevalo @ 19:06
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Publicado por Invitado
miércoles, 22 de octubre de 2008 | 19:51
La inercia sirve para lo bueno como para lo malo, tan solo te desplaza. Es una custion de masa,peso y velocidad.Pero al igual que el skeite tienes que impulsarte de vez en cuando, de lo contrario no te mueves