jueves, 16 de octubre de 2008

Ya sé que a veces puedo dar una impresión errónea. El problema es que, cuando ando, me preocupo en andar, y no en el perfil que ofrezco mientras camino. Pienso lo que pienso y siento lo que siento. Y, como todo hijo de vecino, supongo, algunas veces rozo el cielo con la punta de los dedos y otras me dejo la nariz en el polvo.

Dejó de importarme hace tiempo que a algunos papanatas no les cuadrara que me pudiera gustar, a la vez, La Traviata y el Heavy Metal, Iron Maiden y Grieg. No puedo decir que me molesta que me digan aquello de "es que no te pega nada" porque, ciertamente, es una opinión que ni escucho.

Te he comentado a menudo que es difícil que yo me encuentre absolutamente feliz. Llevo el enemigo sobre los hombros, de verdad que soy quien más lo siente. Pero si alguna vez me encuentro la felicidad de cara... perdóname pero va a ser la leche.

Con todo, y mientras espero a tan esquiva dama, intento disfrutar (cuando me dejan y me dejo) de las múltiples felicidades que me ofrece el día a día. Cuando me las ofrece, que tampoco es tan a menudo.

En esos momentos, cuando el alma se libera por un momento de algunas ataduras que le sobran y parece ponerse de puntillas, un brillo especial viene a los ojos. A veces, sólo a veces, cruza ese instante otro ser humano en el mismo trance. Y una mirada cómplice nos comunica. Sobran las palabras porque no hay palabras para describir esa sensación, esa experiencia, esa liturgia. Basta una sonrisa.


Tags: Recuerdos

Publicado por Antonio.Arevalo @ 20:00
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