Sé que es muy probable que lo que voy a decir te moleste. Aún así he de decirlo. No puedo decir que lo siento, porque no es verdad.
El Supremo, si es que existe, no puede calificarse de justo. Llámalo X, llámalo fuerza cósmica, llámalo como quieras. Pero no lo llames justo porque justo no es. Y a las pruebas sabes que me he remitido un montón de veces.
Lo que sí he de reconocerle un sentido del humor de lo más curioso. La verdad es que la palabra que se me ocurre es bastante más gruesa... pero un caballero no debe perder nunca las formas, ya sabes.
A veces concede una mente realmente privilegiada a una persona que es perfectamente consciente de esa magnífica herramienta. Así nacen los Leonardo, Miguel Ángel, Baudelaire, Einstein, Feynmann,...
Otras veces, y aquí entra el sentido del humor divino, concede unas dotes excepcionales a personas que no son conscientes de lo que realmente son. Otros lo descubren luego. Véase Van Gogh, Kafka, Ramanudhyan ( a éste lo descubrieron a tiempo), y una infinidad de ellos que, precisamente por no reconocerse a sí mismos como excepcionales vivieron una vida de lo más normal. No podemos perdonárselo al de arriba. Nos escamoteó muchísimo bien en este asunto (aunque habrá quien diga que, al fin y al cabo, esos dones vienen de Él... bueno vale, un desperdicio a fin de cuentas).
En último lugar está la prueba de su más refinada crueldad: aquellos seres más o menos limitados, grises y con limitaciones (las limitaciones propias a fin de cuentas), que se creen llamados a una misión superior. A veces tienen la suficiente lucidez para comprender su propia incapacidad, pero desechan esta verdad como producto de un mal día... veo a uno de estos a diario cuando me afeito, una bestia que se empeña en afirmar que soy yo desde el otro lado del espejo.
Luego están los que no llegan y son perfectamente conscientes de que no llegan, pero esos no hacen daño a nadie. Por cierto, hay pocas cosas tan productivas como la incapacidad consciente de sí misma.
Y supongo que te habrá caído mal y que la próxima vez que me hables me insultarás en arameo. Pero imagínate cómo me siento yo cada vez que tengo un brote de lucidez.
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