martes, 30 de septiembre de 2008

Creo haberte comentado en alguna ocasión lo que me molesta la gente que confunde el ingenio con la inteligencia.

De paso tendría que añadir que me molesta también sobremanera que confunde el ingenio con los chistes. Por ponerte un ejemplo, supongo que nadie dudará de la inteligencia de Alejandro Magno. Y, sin embargo, no nos ha legado más de dos o tres frases de esas que se denominan célebres. Y hay que decir, en honor a la verdad, que algunas de ellas fueron más bien, como decimos por aquí, asauras. No era un hombre ingenioso, no.

El ingenioso tiene que ser inteligente. Pero no es preceptio que sea un genio. Muchos creen que sí. Craso error. Pero peor aún es el que piensa que el ingenio puede aprenderse. Crasa estupidez. El ingenioso es una inteligencia rápida, vivaz, adaptable. El otro, el que repite lo que otros han dicho, no pasa de ser, en el mejor de los casos, un chistoso. En el peor es un míseo bufón. Y que conste que hubo muchos bufones que fueron ingeniosos, inteligentes y geniales.
Odio las frases hechas. Y odio a quienes abusan de ellas. En mitad de una conversación te sueltan un "es que la vida es un bidón" o "si el que tiene padrino es el que se bautiza" o perlas por el estilo y se quedan tan panchos. Esbozan una sonrisita satisfecha, mirándonos de soslayo, esperando quizás, los muy cretinos, que les felicitemos por su lucidez mental cuando estamos, en realidad, pensando ¿pero de qué va este tío? Porque, en el colmo de las pesadillas, a menudo ni siquiera la frase perpetrada se corresponde ni remotamente con el tema del que se está hablando.
Oye, que me parece muy digno que conduzcas un dos caballos... pero no nos hagas creer que es un Rolls. Y, sobre todo, no te lo creas tú.


Tags: Reflexiones

Publicado por Antonio.Arevalo @ 19:45
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