martes, 16 de septiembre de 2008
Conozco tus ojos, del color de la miel.
Naciste conmigo y me has acompañado durante todo el camino.
A veces agazapada tras mis hombros,
a veces abriendo la senda.
Has sido una presencia constante,
a menudo intuída,
a menudo manifiesta.
Un sincero amor el tuyo,
que lo ha ofrecido todo pacientemente,
reclamando para sí tan sólo
mi propia vida...
Conozco tus ojos, del color de la puesta de sol en la alameda.
Me has cortejado esquivándome,
has huido siempre al alcance de mi abrazo.
Te he notado pegada a mí,
sombra permanente y oscura
nacida de la propia luz que me iluminaba...
Conozco tus ojos, del color del brillo del oro.
Ahora me abrazas y me besas el cuello,
y no logro discernir si tu beso
me abre las puertas del reposo
o las del olvido...
Conozco tus ojos, mi muerte,
dulces como la miel,
y sé que, en este instante, me miras.

Tags: Amarguras personales

Publicado por Antonio.Arevalo @ 18:46
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