viernes, 22 de agosto de 2008

Creo haberte mencionado en alguna ocasión que, por momentos, me he dedicado bastante al teatro. Fueron muchas las obras que me tocó defender encima de las tablas, y muchas también las que se fueron quedando en el camino. Hoy he encontrado, en uno de esos conatos ordenatorios que a veces padezco, el texto de una de esas obras que se quedaron en los ensayos.

El papel que yo debía representar en esa obra, "Las cartas boca arriba", presentaba una acotación con respecto a su aspecto físico: lleva el pelo largo por detrás, señal de coquetería que se permite el hombre maduro...

Llevo tres años sin pasar por la cuchilla del peluquero. Antes de eso estuve dos años afeitándome la cabeza. Hago dieta, cuido mi vestuario como jamás lo he hecho. Me retoco la barba a menudo. Me vuelvo a casa a cambiarme si me descubro la más mínima mancha. Practico natación y estoy empezando una rutina de ejercicio mucho más dura.

La frontera de los cuarenta está en la vecindad. Y no me sirve el decir que, realmente, soy joven. No. Soy un cuarentón, se mire por donde se mire. Y hoy soy consciente de que ya llevo tiempo maquillando los ya para que parezcan todavías. Quizás sea la coquetería del hombre maduro. O quizás sea una obstinada lucha contra la realidad.


Tags: Socorro

Publicado por Antonio.Arevalo @ 19:37
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Comentarios
Publicado por Invitado
viernes, 12 de septiembre de 2008 | 10:08
Ahora entras en la fase de madurito interesante, las canas y las ganas, se acentuan. Disfrutalo