lunes, 21 de julio de 2008

Aún me sorprendo algunas veces descubriendo lo imbécil que puedo llegar a ser. Comentaba que el otro día mi calle se había convertido en un lugar mágico, con un cielo malva y una luna casi llena colgando casi al alcance de la mano. Y no era magia. Era una invitación que yo acepté. Y falté a la cita.
Me encontraba dos noches más tarde enredado con fquehaceres (mucho) más ruidosos cuando sentí su presencia tras de mí. Notaba su mirada clavada en mi nuca. El volverse era inevitable. Allí estaba. Media escondida tras las celosías de dos álamos blancos, que dibujaban sobre su cuerpo un arabesco encantador con sus ramas desnudas. Allí estaba. Una luna llena enorme, la misma que me había citado días antes. Y yo había faltado a la cita. Se recataba tras los árboles. No decía nada. Simplemente se encontraba allí, acúsándome sin palabras. Echándome en cara mi olvido sin echarme nada en cara.
El trabajo se convirtió en un miserable ínterin hasta que pudo introducirme en el coche y salir en su busca. Era ya de madrugada. La calle estaba desierta. La mitad de las luces apagadas. Ahora se mostraba tal cual era, en su solemne y espléndida plenitud. Se había despojado del sutil velo azafranado que la medio cubría hacía unas noches. Se mostraba en su luminosa desnudez. El cielo adquiría un tono gris antracita a su alrededor, y todo parecía perder su luminosidad bajo ella. El tiempo parecía pararse. Y entonces sucedió...


Tags: Night fantasy

Publicado por Desconocido @ 21:15
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