jueves, 17 de julio de 2008

La calle donde vivo se convirtió anoche en un lugar mágico. Fue poco después de la puesta de sol. Salí al exterior y cuando miré al cielo... allí estaba. Te juro que no fui yo quien la puso allí. Pero estaba. Una enorme luna casi llena, flotando gozosa en medio de la inmensidad malva del cielo del anochecer. Aún no había estrellas en el cielo, y a lo lejos retumbaban algunos truenos de una perdida tormenta de verano. Hacia el Este se divisaba, cubriendo todo lo que daba de sí la vista, un enorme cúmulo nuboso, casi cubierto por una sombra violácea. Sólo la cumbre de la mole se encontraba en medio del resplandor incandescente de los últimos rayos de Sol.
Y, un poco más arriba, me encontré de improviso con la enorme circunferencia de color azafranado. Perfecta en su redondez casi absoluta, colgada por no sé quien sobre las fachadas blancas de las casas, en esa hora bruja en que aún no es de noche, pero ya no es de día.
Respiré hondo y, por un momento fugaz, todo parecía estar en su sitio.
Quizás sea una tontería, pero quería compartirlo contigo.


Tags: What a wonderful world

Publicado por Antonio.Arevalo @ 21:01
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