Hay personas que, simplemente, no pueden concebir que haya quien piense de manera distinta a ellos. No se trata de que crean a pies juntillas que tienen la razón absoluta, en un paso más en la involución: creen que si se piensa de forma distinta se está muy cerca de la estupidez (o plenamente incorporado en la misma). Se les reconoce habitualmente por la sonrisa ladeada cuando expresamos nuestra opinión. Una seña de identidad característica es la proverbial expresión "lo que yo te diga".
Yo estoy convencido de que lo que pienso es la verdad. Que tengo la razón, vamos. Si creyera que lo que pienso no es correcto cambiaría mi pensamiento (creo que es lo razonable). En cualquier caso (o casi en cualquier caso, seamos justos) veo normal que la persona que tengo enfrente difiera en su opinión. Y hasta la escuche.¡A lo mejor me demuestra que me equivoco! Pero, aunque crea que está en un error, aunque intente sacarla de su error (cada vez menos), lo que no hago nunca es dudar de su derecho a opinar de manera distinta a mí. Puedo estar en desacuerdo con lo que opine pero jamás, jamás, con el hecho de que pueda opinar.
Sin embargo hay quien no está de acuerdo con todo esto. Garantes de la verdad absoluta, los que pensamos de forma distinta y consentimos que los demás hagan lo propio somos considerados una especie de ateos. Que les siga yendo bien. Es lo que mejor se les da.
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