miércoles, 09 de julio de 2008

Me encontré el otro día sin pretenderlo en una de esas conversaciones (más bien discusiones) en las que, como solía decir mi madre, suelen sacarse los pies fríos y la cabeza caliente.
Hablaba con una persona profundamente religiosa, lo que me parece bien, sobre la ola de laicismo que nos invade (¿dónde he oído eso antes?). Que qué vergüenza, que nos van a quitar la poca fe que tenemos, que si esto no es así, que a ver si...
Todo esto vino a raíz de un comentario sobre los desfiles del día del Orgullo Gay. Parecía ciertamente incómodo con las imágenes. Para variar me preguntó mi opinión. Obviamente lo que no esperaba es que yo le diera mi opinión en lugar de, simplemente, darle la razón. Le dije que mientras que no hicieran la homosexualidad obligatoria me daba lo mismo que hicieran desfiles del orgullo gay que del orgullo de Las Molucas. Que si realmente se sentían orgullosos, pues vale. Que yo, particularmente, no me metería en una manifestación del Orgullo Hetero, pero que entendía que ser homosexual no era una vergüenza, sólo una opción.
Cuando alguien responde con una sonrisita ladeada a lo que digo (de esas que casi se oye un "¿pero que me estás diciendo?") me pongo de muy mala leche. Lo siento. La criatura me espetó un "es que la Biblia dice claramente que hombre y mujer los creó". Mi respuesta estaba clara. Entonces, según tú ¿quién creó a los homosexuales?. El problema de los fanáticos (ojo, que no digo ni por asomo que todos los creyentes sean fanáticos, los hay sin creer en nada) es que tienen las respuestas limitadas. Y ésta no estaba en su lista.
Y ya se puso a la defensiva. Es una forma de hablar porque lo que hizo fue echarse la escopeta a la cara y empezar a tirar a diestro y siniestro. Finalmente, cuando el gorro estaba lleno de pipas, me tocó dispara a mí. Fue un sólo tiro, pero decimos en mi tierra que es mejor acertar que esperar un año... Tan sólo le hice una pregunta.¿Por qué crees que tus creencias son más dignas que las increencias de otras personas? El resto del mundo no te obliga a pensar igual que ellos, ¿por qué te empeñas tú en obligarnos a creer lo que tú? Su expresión era ahora de total sorpresa, como si hubiera preguntado una tontería. "Es que yo tengo razón". 


Tags: Reflexiones

Publicado por Antonio.Arevalo @ 20:27
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