Algunas personas lo hacen por habilidad. Otras por simple estupidez. Se plantea una conversación sobre un tema cualquiera. Estas personas no participan en la conversación hablando sobre ese tema. Se asientan cómodamente en un tema paralelo, que tiene relación con lo que se habla, pero que no es exactamente de lo que se habla. Me explico...
Comenzamos, por ejemplo, comentando el doble sentido que tienen las palabras en la vida pública. Esta persona interviene diciendo que es cierto, que es muy importante saber hablar para un personaje público. Tras un momento de estupor aclaramos que estamos hablando del doble sentido de las palabras, no de la habilidad oratoria de estas personas. Estamos hablando de claridad, si se me apura de hipocresía (al menos lingüística), de demagogia... Esta persona nos vuelve a decir que sí, que lo entiende perfectamente, que antes se hablaba mucho mejor y que ya no existen oradores como antes. Volvemos a explicarnos para volvernos a topar con el mismo muro.
Al final se nos queda una extraña sensación de no saber si el oponente conversacional es imbécil o se está quedando con nosotros. El hecho de que, por mi experiencia se que este ,llamémosle, despiste ayuda a esta persona (es una manera de hablar) a llevar la conversación donde le place y se siente más cómoda, hace que me incline más por la opción B: se está quedando con nosotros. Y nosotros intentando aclarar las cosas.
Tags: Reflexiones, lenguaje