Sé que moriré en verano. No es una paranoia, es una convicción. En esta época del año me quedó vacío, es como si terminara un ciclo. Más adelante, cuando el viento comienza a traer los frescores del norte, parezco renacer.
Se que moriré en verano, una época que, creo recordar apenas en retazos, antes esperaba con un cierto interés. Ya no. Ya no espero. No importa cuánta luz haya ahí fuera. No llega adentro. No consigo que llegue adentro.
Sé que moriré en verano, y el pincel y la guitarra, que crees que me acompañan, no hacen sino amplificar los sentimientos, para bien y para mal. Los descubren, los denotan, los resaltan. No importa cuán bellos o intensos puedan ser. Una hermosa tumba sigue siendo una tumba.
Cuando empieza la primavera, cuando el crepúsculo te envuelve en un abrazo cada vez más cálido, cuando te besa con su aroma incipiente a azahar, empiezo a sentir una inquietud en el alma que dista mucho de resultar extraña.
Sé que moriré en verano porque cuando he realizado los grandes viajes iniciáticos en esta época me han subido a lo más alto, rozando con los dedos la meta... sólo para colocarme al borde del abismo en que me encuentro.
Sé que moriré en verano.
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