jueves, 26 de junio de 2008
Te hablaba el otro día de lo difícil que puede llegar a ser imaginarse cómo era un lugar determinado en otro momento de la historia. Creo que el problema está en que fiamos demasiado trabajo a los ojos. No acabo de entender por qué, pero damos mucho más peso a cualquier información visual que el que podamos conceder a otro tipo de sensaciones. Y, así, lo más que podemos es imaginar un cierto rincón encantador como escenario de una película de historia, habitualmente más mal que bien traída. Y los colores, la luz, las formas... son sólo limitadas aproximaciones a un ambiente. Quizás las más limitadas...
Podemos ver un rojo, un ocre albero, una tela de lunares. Y quizás pensemos en una feria. Pero hay un olor a feria. Un olor mezcla de aceite de churrería y pollo asado, de algodón de azúcar y manzana con caramelo. Esa sensación nos traslada con más facilidad a esa realidad festiva de lo que pueda hacerlo cualquier fotografía.
Te propongo un juego que, espero, te hará entender algo más de aquél ambiente del que te hablaba hace poco, aquel Al-Andalus de los Ummayad. Cierra tus ojos y aspira el aire. Es primavera. Los cientos de naranjos de Qurtuba exhalan su aroma dulce de azahar. Estás junto a la Mezquita Aljama. Desde el vecino Zoco te saludan los gritos de los vendedores de cordobán, de dátiles, de sedas...El viento cambia a veces y te trae perfectamente nítido el olor de las especias. El sol comienza a calentar en exceso, pero la sombra es fresca, allí, en el Pario de los Naranjos. Sentada junto a la Fuente del Olivo notas el frescor del agua, el tintineo cantarín de los pequeños regajos que, como manantiales artificiales, recorren el patio. Desde el alminar te llega la clara voz del muecín llamando al rezo. El mismo canto, con múltiples variantes, comienza a llegar desde distintos puntos de Qurtuba.
En el interior la luz tamizada por las celosías convierte a los fieles en poco más que siluetas. Las lámparas de aceite, alumbrando las dobles arquerías, hacen parecer que los arcos, dovelados en rojo y blanco, floten fantásticamente en el aire. El ambiente es más fresco aquí, y notas en tus pies descalzos la rugosidad del suelo. El olor aromático del interior,el tacto del hilo en tu cuerpo, el sonido de la voz del orante, el brillo chispeante del mosaico del mihrab...
Ya en la calles de la Judería te llega nítido el sonido de las chirimías, de las darbukas. La tarde es breve en esta Qurtuba donde la noche es de terciopelo azul, bordado con pedrería de estrellas. Un té, un pastel de almendras con miel de jazmín, un interior tan acogedor como abigarrado. No te limites a mirar: siente, escucha, huele, toca...vive.

Tags: Reflexiones, historia

Publicado por Desconocido @ 18:47
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