miércoles, 25 de junio de 2008

Los amigos son útiles, tremendamente útiles. Tengo un amigo y un par de conocidos que son las únicas personas con las que puedo hablar de mecánica cuántica (otra cosa es que los entienda). Otra de mis amistades tiene la curiosa característica de poder enzarzarse conmigo en una conversación sobre Murnau, Fritz Lang y el expresionismo cinematográfico alemán en general. Otro de mis pilares vitales me tiene como único interlocutor válido sobre pintura (sobre todo el tema de las texturas). Con otros puedo hablar largo y tendido sobre las diferencias entre maníacos depresivos y olvidadizos existenciales. Los amigos son útiles.
El problema es cuando los amigos "sólo" son útiles. Porque soy amigo de algunas personas para las que sólo soy útil. Subrayo por cuadriplicado el "soy amigo" porque yo, ciertamente, no los considero mis amigos. Son ese tipo de personas que también tú tendrás cerca, sin duda (no soy tan original como para padecerlos yo solo) que sólo recuerdan tu número para pedirte un favor. O cuando están muy agobiadas con algo y necesitan descargarse. Son esas personas que están deseando tomar una copa contigo... y de paso, ahora que caen, te piden que si les podrías hacer/proporcionar/conseguir algo. "Te lo pido en confianza, como somos amigos".

Con estos indivíduos tengo la sensación de ser una especie de navaja suiza multiusos: una simple herramienta a la que echar mano cuando hace falta. Ni siquiera eso. Por una navaja suiza se acaba desarrollando un cariño intenso. ¡Menudo sofocón si se pierde! Para esta gente somos un útil desechable sin ningún remordimiento.
Cabe la posibilidad de rebelarse, de soltar un "verdes las has segado"... y entonces te espetan que hay que ver cómo se te ha subido a la cabeza, que antes no eras así y que si no fuera por la amistad que nos une... el resto lo conoces.
Nota para mí mismo: es necesario deshacerse de la gente que nos intoxica.


Tags: Elogio de la amistad

Publicado por Desconocido @ 20:57
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios