Hay momentos en los que el mundo gira más de una vez al día sobre su eje. El tiempo discurre de manera distinta para personas que no se encuentran en la misma dinámica vital. Algunas veces no pasa de ser una mera anécdota. Es algo así como "es que he estado en el campo este fin de semana y no me he enterado de nada". Otras veces resulta más doloroso. Uno vuelve de un viaje (¡cuántos cambios profundos se producen en el alma durante los viajes!) con un montón de cosas que contar, con una perspectiva distinta de la vida y del mundo... y se da cuenta de que, en casa, todo sigue igual, viviendo un día de la marmota eterno. Las personas no evolucionan a la misma velocidad. Si el viaje (o la experiencia vital concreta) ha sido largo el precipio puede ser ya insalvable. Es el típico "vino muy cambiado". Si no lo ha sido aún es recuperable. Por desgracia, mito platónico de la caverna redivivo, el evolucionado se adapta al ritmo tranquilo de su morada de toda la vida. Algunas veces rememora con melancolía aquello que aprendió en su experiencia, pero cada vez más le parece un sueño, y llega un momento en el que no distingue los detalles recordados de los intuidos.
A veces el distanciamiento ocurre durante una conversación. Mientras algunas personas crece hablando otras se atrincheran en sus palabras. Al cabo de las frases nos vuelven a recordar la premisa del principio, aquella que ya se superó hace milenios. Nosotros queremos hablar y ellos quieren hablar de una cosa concreta (y nada más que de eso). Es su minuto de gloria (?) y lo estiran hasta el infinito. Se anclan en su torre (no de marfil precisamente) y no se permiten evolucionar... y de paso nos encadenan a nosotros.
A veces es hiriente deshacerse de estos anclajes. Son cadenas que nos han acompañado desde niños, en momentos difíciles. Otras veces es imprescindible. Es una mera cuestión de supervivencia.
La mejor opción sería armarse con todas las dotes de seducción personales que podamos aparejar. Convencer a estas personales de que es preferible que abandonen la cuna, su bien pertrechada fortaleza de seguridad. Hablarles de ese mundo que existe más allá de cajita de cristal. Es una labor delicada, larga, y que a menudo no da resultado. Pero creo que merece la pena intentarlo.
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