Cuando yo era estudiante un conocido mío tenía la costumbre de proponer "quedarse la noche hablando". Para conocerse mejor, decía. Con la perspectiva de los años me he dado cuenta de que en esas noches siempre estaba presente la misma chica... A lo que iba. Este caballero sostenía que hablando con alguien se le llegaba a conocer. Con la perspectiva de las cicatrices que llevo en el alma me he dado cuenta de que no, Lo único que podemos discernir hablando con una persona es lo bien (o lo mal) que habla. Si le gustan los lugares comunes, si escucha, si te dice lo que tú quieres oir o se empeña en contarte lo que no quieres oir. Pero muy pocas veces lo que esa persona es. Si a eso se le añade la variable de intento-de-impresionar-a-alguien (como el caso de referencia) la cosa está aún más clara (o más turbia, según se mire). El Evangelio prometía conocer a las personas por sus obras. Incluso reconociendo que este método, más empírico, tiene algunos inconvenientes, me parece más realista que el de las conversaciones. No me parece muy ético decir que te gustan las plantas cuando se te han secado tres ficus por no regarlos. O sostener que no eres racista cuando te cruzas, disimuladamente, eso sí, de acera para que el rumano que viene de frente ni te roce (obviamente no te has cambiado de acera por eso... era porque tenía mala pinta, o porque tenías que cruzar). Conozco a un multilaureado personaje que siempre, después de soltar una retahila de méritos, premios y condecoraciones, añade un ciertamente cínico "pero no le doy ninguna importancia a todo eso porque yo soy un tío humilde". O a esa otra persona que se empeña en decir que lo único que quiere hacer es estar ayudando, en un segundo plano, mientras se coloca indefectiblemente en todas las fotos con la cabeza por encima de los presentes (a menudo haciendo audaces títeres). O a ese samaritano que insiste en que no le gusta salir en la foto, y que coge unos globos tremendos cuando se olvidan de avisarle para las fotos. También conozco, he de reconocerlo, al que habla poco y hace mucho, a la que dice que lo suyo no tiene mérito cuando está sosteniendo todo un mundo ella sola, al que siempre está haciendo favores y negándose a pedirlos, a la que da siempre las gracias cuando hay tanto que agradecerle, a la que está deseosa (necesitada) de escapar de un mundo que la ahoga pero no encuentra una excusa lo suficientemente fuerte para hacerlo.... por conocer, conozco hasta a uno que cada vez que se pone a escribir sobre sí mismo acaba escribiendo sobre los demás. Aunque no estoy tan seguro de conocerlo...
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