lunes, 09 de junio de 2008

Fue hace muchos años. Recuerdo que era entre Peñarroya y Cabeza del Buey, a la caída de la noche. La carretera estaba recién asfaltada, a la salida de una población. Una suave curva hacia la izquierda. El firme aún no había recibido la señalización. Allí estaba. Una cinta negra perfecta, rodeada de una tierra de un ocre perfecto, con un cielo al fondo que lucía una transición desde el celeste al azul prusia perfecta. Duró unos segundos. No sé por qué pero me pareción un entorno de pesadilla. Sueño a veces con un entorno de techo bajo, no excesivamente bajo, y extraordinariamente ancho, diáfano, pintado de blanco. A veces adopta la forma de un enorme patio de altas paredes. Supongo que en algún momento algo debió pasarme en algún sitio similar (algo desagradable, claro). El caso es que esos lugares amplios, de muros altos, de formas perfectas en definitiva, me producen un profundo desasosiego. Hay farolas en medio de la oscuridad que, más que iluminar la negrura, parecen luchar para no ser engullidas por la misma. Lugares en las espaldas de la población que parece aparejados para la emboscada. Y, por extraño que parezca, cada uno de esos lugares, de esos escenarios de pesadilla, me llama como si fuera un punto de encuentro, como una cita ineludible. Tengo la profunda corazonada (que está muy lejos de ser una convicción) de que en uno de esos lugares me aguarda mi destino. Lo que no tiene por qué ser necesariamente bueno. Quizás por eso me producen ese nerviosismo (¿miedo quizás?). Y algo en mí me impulsa a buscarlos y a rehuirlos. Pero intuyo que habrá un día en que no podré rehuirlo... y no tendré que buscarlo.


Tags: Reflexiones, fantasmas personales

Publicado por Desconocido @ 19:33
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