De muestra vale un botón, dicen. No sé si ello es cierto, pero lo que me resulta incuestionable es que el común de los mortales suele tomar un botón y a partir de ahí extrapola sin medida. Eso quien se tome la molestia de buscar un botón, porque las más de las veces lo que se maneja como carta de presentación ajena es lo que nos han contado del botón, lo que hemos intuído del botón o lo que adivinamos del botón. Ya te he hablado en repetidas ocasiones de esto. Un culito mono, sea de él o de ella, abre muchas puertas. Un "viva Cartagena" lanzado en el momento adecuado puede abrir aún más. Se coge un detalle y a partir de él se reconstruye una personalidad, una manera de trabajar, una ética y una cívica. Cualquiera que viera alguna de las acuarelas (y sólo las acuarelas) que hizo un pintor en ciernes en la Austria de antes de la Gran Guerra, nacido de un oficial de aduanas y de nombre Adolf, es muy posible que llegara a unas conclusiones cuando menos exóticas... a menos que conociera que el apellido de dicho pintor no era otro que Hitler. Esto, querida amiga, puede parecer una exageración, pero se hace a diario. A partir de una frase de un energúmeno, lanzada en un contexto más o menos adecuado, se crea un referente, una ideología... hasta un pasado si es menester.
Pero, como siempre, sólo pasa con algunos elegidos. El resto de mortales tenemos que hacer y rehacer, mostrar y demostrar... y rezar a un Dios que no nos oye (o al menos no nos contesta), suplicando no caer en el error. Porque como decimos por aquí, haces mil, haces una... y no has hecho ninguna.
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