lunes, 02 de junio de 2008
Decía Baudelaire que él nunca querría la fama vulgar del hombre bueno. Reconoce, Antonio, que digas lo que digas a ti no te importaría ese aplauso quizás torpe, pero sincero, que se da al artista menesteroso,pero poco hábil. Reconoce que, aunque te avergonzarías de esas apelaciones al corazón más sentimentalistas que sentimentales, darías algo por ese aplauso fácil, incondicional. Y es cierto que tú no lo harías nunca , que te parece un fraude de ley tirar por la trocha, el populismo, la demagogia artística, el atajo intelectual. Que prefieres el camino duro. Te lo concedo. Pero concédeme tú que envidias ese "olé" inmediato, esa devoción tan efímera (o no) como poco fundada del perfecto neófito. Tal vez tengas el complejo de Odiseo. Mucho tiempo llevas deseando que el viaje no sea corto, sino que sea interesante. Y, además, no tenemos el problema de Penélope, ni por supuesto de Telémaco. Pero, aunque te guste la disquisición por trochas y andurriales, aunque te fascine perderte en los recovecos de tu propio pensamiento, aunque te  deleite reconstruir a partir de trozos que la mayor parte despreciarían, reconoce, Antonio, que envidias hasta el mismísimo tuétano esa ovación cerrada al que poco le ha costado lo que ofrece. Y no te consuela saber que al final del camino tú estarás, quizás, más adelante. O que, en cualquier caso, tú habrás apurado cada recodo del sendero, que no importó sólo el destino, sino cada uno de los pasos. Reconoce, Antonio, que a menudo sacrificarías la inversión en conocimiento por un aplauso fácil en efectivo. Pero es cosa de nacimiento. Mala suerte.

Tags: Reflexiones, fantasmas personales

Publicado por Desconocido @ 18:41
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios