martes, 27 de mayo de 2008
El ser humano tiene tendencia a la inercia en su definición más pura: intenta mantenerse en el estado de reposo o movimiento en el que se encuentra a no ser que una fuerza externa actúe sobre él. Esta querencia resulta perfectamente entendible cuando el estado en el que se está es agradable, ventajoso, o simplemente llevadero. Lo que resulta sumamente extraño es lo reticentes que podemos ser al cambio cuando el estado en el que nos encontramos es, pura y llanamente, lamentable. Precisamente por eso cuando uno desea (necesita) huir, lo que más se agradece es una excusa para poder huir.
Porque, seamos justos, el mundo en el que vivimos (la mayoría) no nos permite afrontar un cambio radical porque sí, porque me apetecía. Es necesario justificar, y sobre todo justificarnos, la conveniencia de ese cambio. No importa que estemos con el agua, u otra sustancia más viscosa, hasta el cuello. Si hemos aguantado el primer empujón podemos seguir aguantando. Es el típico "eso lo tenías que haber hecho desde el principio". Pero es que quizás si que podíamos aguantar ese primer empujón, que no es lo mismo que aguantar de contínuo la fuerza bruta martilleándonos los adentros, un día sí y otro también. Pero aguantamos. Si dedicáramos las mismas fuerzas a aprender, o a crear, que dedicamos a aguantar, hasta los ángeles nos envidiarían. Pero aguantamos, y seguimos aguantando. Hasta yo me dedico a desahogarme con estas líneas en lugar de dar un portazo a un buen número de aspectos de mi vida...

Tags: Mi vida y tal

Publicado por Antonio.Arevalo @ 17:50
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Publicado por Invitado
martes, 03 de marzo de 2009 | 23:00
Gracias