Sé que a menudo parece que estoy amargado. Es cierto, lo estoy. Al menos por momentos. Eso no significa en absoluto que no sea capaz de apreciar, y disfrutar llegado el caso, de todo lo bueno, hermoso o simplemente divertido que me ofrece el camino. Aún sabiendo que existe la cisticercosis y la triquinosis disfruto de un buen plato de lechón frito de la tierra. No voy a decir que cada cabestro que me topo por el camino me hace apreciar más a la gente buena con la que convivo. Sería más feliz sin el concurso de los primeros. Pero aún quiero creer que en el mundo hay más de éstos que de aquéllos. Sigo pensando que la vida es hermosa (hermosa, no fácil ni justa). Pero, a veces, cuando te llegan demasiados golpes seguidos, falta hasta la respiración. A veces Leónidas y trescientos espartanos pueden detener un ejército de un millón de enemigos. A veces hasta Leónidas sólo parece poder hacerlo. Pero otras veces el rey de Esparta le dice a sus compatriotas "anda vete por ahí". Aunque la cobardía no es disculpable, el heroísmo no es exigible.
Sigo disfrutando de una buena partida de pictionary (o similar), me sigue encantando agarrar la guitarra para cantar "Dust in the Wind", y sigo disfrutando enormemente con la pequeñas cosas que me ofrece (me regala) la vida.
Como dice aquel dicho castellano "con verte me mantengo". Es sólo que, a veces, con tantos dedos metidos en los ojos, ni te veo. Pero entonces recuerdo el olor de la dama de noche, el sabor de un flan que preparan en un restaurante de mi pueblo, con un toque de vainilla, el cosquilleo que me produce el lambrusco, el pelo que se pone de punta con la overtura de Tanhausser, la emoción que se me agarra a la garganta y a los ojos cuando leo el momento en que el Principito cayó como un árbol, sin hacer ruido..
...una puesta de sol en un día nublado
una reuníón con amigos con tiempo por delante
una velada de guitarras
una vueltecita por el paseo marítimo
visitar un Museo y quedarse veinte minutos mirando un cuadro
un desayuno con rebanadas de pan frito
un paseo por la Judería, el Albaicín, el Zocodóver... bajo la lluvia
un domingo por la tarde haciendo un maratón de cine
y, por supuesto.... el queso va aparte
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