El cielo se encuentra hoy engalanado con el espectacular paso de un frente frío. Esto se traduce en un montón de cúmulos nubosos que tapizan prácticamente todo lo que alcanza la vista por encima del horizonte. Si uno se fija detenidamente, es decir, si uno de detiene con la mirada, puede distinguir el majestuoso movimiento de estos enormes animales blancos o grises. Aquí y allá aparece a veces un retazo de cielo despejado... y resulta increíble lo azul que nos parece. Los edificios, por comparación, parecen diminutos, y por momentos las nubes resultan más sólidas, más reales incluso, que los millones de antenas que se estiran para rozar sus orondos vientres. Conforme se mira hacia el horizonte, y por efecto de la perspectiva, las nubes parecen unirse, juntarse, formar un todo compacto. Allá a lo lejos no aparece el más mínimo resquicio de azul: todo es nube.
Tal vez los días en que nuestro ánimo está nublado son similares. Los problemas aparecen con un tamaño enorme, majestuoso. Cuando en medio de todos los sinsabores aparece un retazo de calma nos resulta extremadamente dulce, pero las delicias cotidianas nos parecen menores, menos importantes, casi insignificantes, ante las enormes moles de color gris de los problemas y sinsabores. Y, si miramos a lo lejos, los problemas parecen acumularse hacia el horizonte, que siempre parece más oscuro, más tenebroso, más sin salida...
No sé si es sólo por la perspectiva o por que realmente hay demasiadas nubes, pero hoy el horizonte se presenta demasiado oscuro...
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