Hay momentos en que una persona es plenamente consciente de que se avecina un cambio. A menudo las crisis llegan sin previo aviso, nos atacan a traición emboscadas en momentos oscuros y estrechos, de difícil entrada y peor salida. O nos las encontramos enfrente en los momentos de triunfo, cuando sentimos una puñalada en la espalda que nos sorprende entre los vítores que nos aclaman. Pero a veces, sólo a veces, los grandes puntos de inflexión en nuestra existencia se nos van anunciando con antelación, casi con premeditación. No podemos mentir al futuro diciéndole que no estábamos preparados.
Llevo algún tiempo tropezando con mis fantasmas, con mis miedos, con mis sueños... algo se avecina, y no sé a ciencia cierta qué puede ser. Los fantasmas del pasado, el presente y el futuro, lejos de componer conmigo un inquietante cuento de Navidad se empeñan en echarme en cara lo que no hice o no quise hacer o no pude hacer... Los miedos se afanan y se ufanan en recordarme las barreras que no he saltado y que no me he atrevido a saltar... Los sueños se enredan en mis pensamientos y me miran con cara de niño haciendo pucheros, con ojos llorosos y gesto de perro apaleado.
Y, con todo, me reconozco ahora más fuerte para enfrentarme a mis fantasmas, más sabio para enfrentarme a mis miedos, más audaz para recoger mis sueños...
Pero, por otra parte, presiento también algo así como una sombra que no sabría definir con exactitud. Cada cosa que digo o hago adquiere cada vez más trascendencia. No hay nada trivial. Y cada frase me suena terriblemente a últimas palabras...
Tags: Reflexiones, fantasmas personales