martes, 29 de abril de 2008
Debe ser cosa de eso que llaman magnetismo, o del carisma... o del desodorante, pero lo cierto es que hay personas que, simplemente por ser quienes son, tienen muchas puertas abiertas. No hablo de que tengan una determinada familia, o contactos,..No, es mucho más sutil que todo eso. Son los caballos ganadores. Normalmente gente bien parecida a los que se les da por supuesto toda una serie de virtudes y habilidades. No es necesario demostración previa de las mismas. De hecho, es más que probable que jamás tengan que usarlas. No entro en que quizás sí que tengan todo ese dechado de regalos divinos. Sólo cuestiono el hecho de que se les presupone el diploma sin indagar si se han matriculado en la carrera.
La otra cara de la moneda la constituimos los caballos perdedores. No importa la preparación que tengamos, lo bien que podamos hacerlo, las veces que demostremos nuestras habilidades. Hagamos lo que hagamos, y recibamos los plácemes que recibamos, siempre tenemos que volver a empezar desde cero. Siempre tenemos que demostrar de lo que somos capaces. Y en el entorno competitivo en el que nos movemos, mientras nos examinan la dentadura a los caballos perdedores, los caballos ganadores están en la recta de meta.
No me importa las reglas que me pongan, pero me gusta que todos los que corremos lo hagamos bajo los mismos criterios.
Quizás pido demasiado.
Casi seguro...

Tags: Reflexiones

Publicado por Antonio.Arevalo @ 19:05
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