jueves, 24 de abril de 2008
Hoy me siento profundamente triste. Quizás es porque el cielo está azul, y de cuando en cuando pasan nubes como enormes barcazas blancas que inflasen sus velas. Quizás es que el campo, por fin, se ha dado por enterado de la fecha en la que vivimos, y ha estallado en una orgía de verdes, amarillos, morados y rojos. Quizás es que la brisa trae por la noche, en medio de un frescor que ya se va agradeciendo, aromas apenas disimulados de otros tiempos. Quizás es que soy consciente de que de ha pasado otro año y no parece que me haya movido mucho de donde he estado. Sea por lo que sea en estos momentos siendo una dolorosa disonancia entre la sinfonía alegre que me rodea y mi propia cacofónica música interior.
Y, con todo, necesito refrenar el paso, quedarme prácticamente parado en medio de las calles encaladas entre dos luces, cuando las nacientes farolas destacan apenas en un cielo cada vez más rojo. En esos recovecos de emboscada espero, quizás, que mi futuro se decida a dar la cara, mientras temo un nuevo ataque a traición de mi pasado.
Pero, mientras espero a uno o a otro, sigo perdido en medio de las callejuelas de mi alma, acosado por todas partes, entre dos luces, mientras la brisa trae aromas apenas disimulados de otros tiempos y me siento profundamente triste...

Tags: Reflexiones

Publicado por Antonio.Arevalo @ 20:25
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