Belisario fue uno de los grandes genios militares de la Antigüedad. Hay quien piensa que si se hubiera desenvuelto en una época más atractiva para los historiadores, en lugar de durante el imperio bizantino, sería un ídolo de masas como César, Pompeyo, Aníbal o Alejandro...
Belisario fue el soporte del emperador Justiniano. Conquistó para su monarca casi más territorio del que heredó de sus antepasados. Pero, más raro aún en su contexto,fue un hombre íntegro. Posiblemente el más íntegro de su tiempo. El hecho de que fuera el (casi único) soporte de Justiniano y que fuera un hombre honrado conducen a un prácticamente inevitable desenlace: su emperador se entretuvo en destrozarlo sistemáticamente. Lo depuso varias veces, lo trasladó, lo entregó a sus enemigos, le atacó en lo personal y acabó por dejarlo ciego y condenarlo a la miseria. Eso no era óbice, por supuesto, para que cuando la situación era realmente desesperada se acudiera a Belisario. Y Belisario acudía siempre, hombre íntegro al fin y al cabo, en ayuda de su señor.
Justiniano era profundamente religioso. Observaba a rajatabla el precepto evangélico de perdonar a aquellos que lo ofendían. Pero, por una extraña ecuación, pareció llegar a la conclusión de que eso conllevaba, además, hacer la vida imposible a aquéllos que lo apoyaban. O, por decir mejor, a aquél que lo apoyaba, porque aparte de Belisario, pocos había.
Permíteme que defina, en base a esta historia, un nuevo síndrome: el de Belisario. Porque, como al gran general, somos muchos los que sentimos que se nos trata de esa forma: con reticencias, envidia o, directamente, miedo. Nos hemos acostumbrado a ver de forma contínua el hecho de que, efectivamente, se trata mejor al que peor nos trata. Quizás con la oculta esperanza de que, de esa forma, se abrirán los ojos de su corazón y nos tratará con cortesía. Error. Error grave, además. Según las normas más clásicas de la psicología eso supone un refuerzo, no una disuasión. Si alguien nos trata a patadas y nosotros le abrimos nuestros brazos...¿suena a reproche?. Por el contrario, como Belisario, recibimos las bofetadas de aquellos por los que nos dejamos el pellejo, real o metafóricamente. Tal vez con la oculta convicción de que, al fin y al cabo, si aguantamos por algo será. Y así nos va...
Tags: Reflexiones, historia